2010/03/20

Resacas de insomnio

Todos recordamos a esos maestros de la escuela secundaria como el de geografía al que apodamos El Chueco. Lo suyo era cojear de la pierna izquierda y escupir a la distancia mientras intentaba controlar ese su mal encuadrado labio. O como el de física, que en lugar de enseñar ciencias nos instruía sobre el fugaz placer de la masturbación en comparación con el de resistir dos horas la orina, porque "jóvenes, si no conocen el placer que implica orinar luego de un rato de estar resistiendo, nunca van a entender el verdadero sentido del orgasmo" Eso, mientras uno trataba de esquivar el portafolios samsonite que salía volando desde su escritorio a la menor provocación.

Ahora que mi hermana estuvo de visita desarrollé un agudo problema de insomnio. Llámenlo como quieran. Karma. Justicia divina o poética. Revancha. Equilibrio. Verosimilitud. Da igual, porque de madrugada me dio por pensar en El Chueco y en el infeliz de física y en las burlas que, puntualmente, cada día les regalamos. Pensé en que hay malos días en que mis estudiantes me importan un pepino y en que eso no me gusta. Pensé en mi hermana, y en que cada noche sin dormir la conozco menos. Pensé en que si a mis veintidós alguien me hubiera dicho que al lugar común se le visita secretamente aunque después se le huya en público sería yo una mejor persona.

Junto con todas las preguntas sin responder -o es que quizá no supe hacerlas- mi hermana llegó cargando sus veintidós lustrosos años, una botella de tequila y dos latas de frijles con chorizo. El asunto no me emocionó

(bueno, el tequila sí)

porque no es nada que no se pueda conseguir aquí y porque me pareció triste que mis padres me mandaran de recuerdos ese par de estereotipos. ¿No les habrá cabido el sombrero de charro en la maleta? ¿Y unas espuelas? Porque una playera con la virgen de guadalupe seguro que sí que entraba y, con ella, algún cenicero estilo: "mi hijo vive en el gabacho y por eso le mando este pinche souvenir", acompañado de unos muñequitos de taco al pastor.

Y, en fin, a eso de las tres o cuatro de la mañana me convertía en el asco de persona que pensó el párrafo anterior. Eso, claro, además de todas las razones por las cuales me atacó el insomnio en primer lugar.

No fueron buenas noches, aunque desde ayer han empezado a regularse las horas de sueño y a estabilizarse los berriches. Me había negado a tomar decisiones que ya tomé, y odio pensar que durante esos desvelos fueron las figuras de mis peores maestros las que me guiaron por el camino de la resolución. Supongo que, pensando poco a poco, todas esas cosas que me impedían dormir tal vez tengan solución; que quizá mi hermana sí esté contenta; y que quizá mis padres me mandaron esos regalos con algún tipo de tergiversada ilusión.

Ignoro cuál es el apodo con el cual los estudiantes hablan a mis espaldas, pero no estaría mal que durante esos malos días recordara la gracia que me produce enseñarles que "güevos" significa fuck off.

7 bufonadas:

La D dijo...

Hay ocasiones -como ésta, claro- que no logro entender cómo tu cerebro relaciona unas cosas con otras; pero lo que es indudable es que tus posts me inspiran... a qué? aún no lo descubro.
Si te sobran dos latas de frijoles y una playera con la Virgencita de Guadalupe puedes enviármelos con toda confianza ;)
Saludos a tus alumnitos.

Mujer Maravilla a la Mexicana GG dijo...

El asco de persona que pensó el párrafo anterior. Me quedo con ese reconocimiento de tu lado oscuro aunque luego lo filtres, digo si uno no puede ser malo ni en los pensamientos entonces que queda ¿Vivir siempre en un cuento de Walt DISNEY?

Aunque me dejas en un dilema ¿Qué le llevo a mi hermano si el tequila y los deliciosos frijoles con chorizo están descartados por ser muy obvios?

Un abrazo.

Cynthia Ramírez dijo...

En el fondo envidio tu insomnio pues al parecer sivió para que tomaras algunas decisiones importantes. Mi insomnio suele ser completamente improductivo y estresante.

Sabandija dijo...

Pues sigo con el miedo escénico. Y no sé si por mi estado de ánimo actual, porque no tengo insomnio y sí, en cambio, sueño permanente ya que últimamente duermo sin descansar, pero esta entrada me dejó con el sabor de la tristeza, sobre la sonrisa con la que acompaño su lectura. Por las decisiones, por el recuerdo deprimente de los maestros de secundaria, por los apodos, por los regalitos, por los güevos.
NO me cuentes, no me cuentes, no me cuentes; no quiero tus regalos no sé por qué necesito escuchar las palabras de otros.
Saludos

El Rufián Melancólico dijo...

De haber sabido que tus padres mandaban paquete, hubiera unido un alebrije que desde hace meses lo tengo estorbando por todos lados, y el poster de Las Dos Fridas que ya no cupo en mi muro de máscaras prehispánicas y tal. Lo de los alumnos me sonó a "me tiro para que me levanten", pero no te preocupes, seguramente te recordarán de maneras sanguinarias y nada dignas. Para dormir recomiendo ampliamante novelas de Michel Butor.

Bob dijo...

Don Lear, cuando me acuerdo de mis maestros menos afortunados, uno no puede dejar de sentirse un poquito (o más bien un mucho) miserable. Esa es la señal de que, con métodos increíblemente raros y aparentemente inútiles, lograron su cometido. Nuestro maestro de inglés de 3ro de secundaria, 'El señor Cara de Papa' (cuyo nombre real, Jorge Baños, tampoco ayudaba gran cosa) era, de paso, nuestro asesor. Era tan triste ver a un hombre tan recto y amable tratar de domesticar con el libro y el gis. Una vez creí que iba a llorar, no recuerdo haberme sentido peor durante la secundaria. Creo que todos, en algún momento de nuestras vidas, nos sentimos maestros de poca monta. El secreto de las nuevas generaciones es que dejarán de sentirse miserables poniéndose en los zapatos del otro y se concentrarán en su propio ridículo. Si nosotros nos sentimos maestros de poca monta, ellos, cuando mucho fondo que toquen, se sentirán botargas de poca monta. Pero no tendrán tanto sentido del humor como para abrir blogs. Así nos saludaremos, amigo Lear.


Y sólo como epilogo, una chica con la que anduve regresó de un largo viaje a las europas, y una vez le llamó comida mexicana a la comida mexicana. Creo que sentí algo como usted y su lata de frijoles y el tequila. Ajúa!

dèbora hadaza dijo...

pos el tequila no está mal, la lata de frijoles pos si porque de verdad de verdad pero de verdad ¿extrañas los frijoles? ni los tacos al pastor, o ¿si? cuando llegues al df vas a saber que si, cuando te pares otra vez en una esquina y salga el olor a carne y piña y a tortillas acedas, pero bueno no es algo que uno añore. ¿te hubieras enojado igual si te hubieran mandando unas ollitas con tamarindo?

jaja