2010/04/19

De interiores

Lo queramos o no, hay un momento en la vida de todo ser humano en el cual es urgente conseguir nueva ropa interior. Si es verdad aquello de que por sus bragas las conoceréis, el asunto cobra infinita importancia y desbanca cualquier otro pendiente o prioridad. Más aún, quizá es la única prenda cuya adquisición no me causa remordimientos y otro tipo de culpas que se expresan en el recurrente y serio cuestionamiento: ¿A cuántas cervezas equivalen estos calcetines?

Me gusta la ropa interior, la ajena. Y en pláticas anteriores me he declarado fanático de las personas que combinan por afuera y por adentro, lo que me convierte menos en superficial que en interficial, si es que eso existe. Con la mía, la relación es más bien traumática. Siempre he creído que el momento en que uno entra a la tienda y se compra un par de lo que sea que uno use como ropa interior es el momento en que se demuestra cierta independencia. Por desgracia, tal emancipación me ha sido negada y, al parecer, la seguiré ignorando gracias a la buena voluntad de mi madre, que me regala boxers siempre que me ve.

Por fortuna no nos vemos mucho, porque de otra manera el cajón de mi clóset estaría lleno de prendas color pastel incómodas por pequeñas o por grandes. No quisiera pasar por malagradecido, de hecho no lo soy, pues yo el primero en nunca saber mi talla, en usar siempre pantalones grandes, en jurar, cuando en busca de nuevos, que esta vez sí voy a comprar pantalones de mi talla y en descubrir, días más tarde, que lo volví a hacer mal, lo que no me convierte en superficial pero sí en imbécil.

Pero llega el momento en la vida de todo ser humano cuando se debe decir no, basta, ya está bien. Y eso dije esta vez, al rechazar el regalo que mi madre me tenía preparado para conmemorar esta visita ráfaga al de efe. No, basta, ya está bien de andar con pantalones grandes y calzones chicos, pensé con actitud de quien está a punto de cambiar de vida. Y lo hice, o al menos lo intenté, porque ayer me dirigí a la tienda más cercana, compré cuatro pares de boxers grises y negros talla mediana (ni chico ni grande), llegué feliz a casa de mis padres, los presumí y descubrí, sin aliento, que ninguna de esas prendas interiores tiene abertura para ir al baño.

En serio, no hay moraleja.

13 bufonadas:

Jolie dijo...

es curioso que leyendo noticias inverosimiles y de nota tonta todo ultimamente redonda en manos en la taga, imbèciles que alzan las faldas y claro lo que uno advierte perseguir para cambiar y nada

uno se resbala en sus propias contradicciones.

a decir verdad yo soy fanatica de combinar a un a expensas de que las mamas se empeñan en regalarnos ropa interior cada año que nos ven o cuando se acuerdan que tienen polluelos que proteger.

y cuando tenemos en manos dicho plan de concretar resulta que nos falta un atisbo de cultura en ropa interior porque nos la han regalado siempre... o bien un poco e maña al ver que no poseen aberturas que no advertimos en el empaque.

ja en el caso de los hombres...claro

el anónimo mamón dijo...

"Intraficial", mi larguirucho saltamontes...

Lear dijo...

Estimado anónimo, su comentario me parece totalmente interscendente.

Cynthia Ramírez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cynthia Ramírez dijo...

Curioso, yo siempre había pensado que esa abertura en los calzones no tenía ningún fin práctico ¿O lo tiene? (¿Es súper útil /práctico/cómodo/distinguido que los hombres decidan sacar por ahí el pene cuando orinan o cuándo sucumben a las necesidades de la carne (solos a acompañados) los sorprende?)

Yo pensaba que originalmente esa abertura se había ideado para cumplir con la función que ahora cumplen los bolsillos de los pantalones (No digo que haya resultado cómodo) y que para cuando los bolsillos se inventaron estaban tan fascinados por su utilidad que se olvidaron de coser (además !qué güeva!) las aberturas.

Cynthia Ramírez dijo...

Auque ahora no sé. Veo que existe un fuerte movimiento inglés comandado por la marca Hom, que promueve que los calzones masculinos tengan una abertura horizontal en vez de una vertical...

Emilio dijo...

Lear: a madurar y a comprarse unos calzones. Los boxers están bien entre los 13 y los 25; son la prenda adolescente por excelencia.
Saludos

La D dijo...

Corrí a revisar los calzones de Mr D y no, no tienen abertura... a poco sí hace gran diferencia? Él adora los marca Óptima, boxers de esos pegaditos donde según él, todo queda en su lugar sin ser asfixiado. Además la talla mexicana le queda "pintada" al cuerpo y cada que vamos a mexicalpan compramos al menos un paquetito de 3.
Suerte la próxima vez :D

Anónimo dijo...

¿29 añotes y tu mamá te compra los calzones? ¡Chale! Siempre hay alguien que lo supera a uno.

Sabandija dijo...

Ja, claro que no hay moraleja y ni imaginar otra posibilidad.

el anónimo original dijo...

Yo no soy el anónimo del último comentario anónimo (soy el del primer comentario anónimo). Carambas, pero ahora sí soy el autor del último comentario anónimo. Bueno, Lear, espero que me entiendas.

La D dijo...

no quiero presionarte, pero ... cuándo vas a postear?

Bob dijo...

Don Lear, no puedo agregar nada, es exactamente la misma relación de codependencia y anexas en mi casa. Mi madre nunca repara en los detalles, y recibir por mi cumpleaños seis boxers en una caja de zapatos sólo hace al asunto más entrañable.

Por otro lado, me perdí de conocerle el otro día (junto con el Rufián y Sabandija, a quienes ya conozco), lo peor es que esta vez ni siquiera era gran cosa, tuve que ir a ver el video feo de unos amigos (en arte es el equivalente a la presentación del libro de poemas feo de alguien, o sea, si faltas se hacen cosas). Como sea, me lo pasé mal.

Por otro lado lo de los príncipes huérfanos me causó lo mismo (y en mi caso terminó en un blog), lo leí en un libro de JP Donleavy.

Esperemos que el América, como dicen las mamás, nos dé una satisfacción el domingo.

Saludos!