En días como éstos pienso más en los amigos. Mientras escucho canciones con las que antaño nos emborrachamos, me pregunto si ellos también se acuerdan de mí, y si ya se habrán dado cuenta de que, otra vez, no voy a volver. Me pregunto si saben que estoy feliz y si habrán notado por qué. Medito si mis errancias disgustarán a alguno tanto como podrían molestarme a mí; si no es que poco a poco nos olvidamos mutuamente o, peor, nos acostumbramos a no estar. Quisiera saber si les molesta que no escriba ni llame y por qué no han venido a visitarme. Me encantaría que me dijeran si dos años es poco y cuánto tiempo son tres. Querría preguntarles si han notado lo desagradable que me pongo un par de días antes de volver a despedirme de ellos; si se dan cuenta de que desaparezco bastantes horas antes de subirme a ese avión y que las náuseas no las causa mi miedo a volar sino el miedo a desaparecer.
Me gustaría saber qué opinan de un egoísta que por este día se siente menos bufón y más a la deriva. Si saben la emoción que me causa cada plan desequilibrado, cada proyecto absurdo, cada idea viable e irrealizada que apuntamos en la ya larga lista de cosas por hacer. Si han pensado seriamente en lo ajeno que me siento cuando algunas mañanas nos están conmigo y frente al espejo. Si recuerdan alguna de todas las tardes cuando descubrimos que la verdadera amistad es la que reinventa la infancia y si alguna vez les he dicho cuán niño me siento a su lado.
También me gustaría saber si les apena lo cursi y absurdo que puedo llegar a ser. Lo sin recato y sin pudor que me importa ser a veces. Si hay momentos en que disfrutarían que habláramos para contarnos lo obvio. El odio contra el punto y coma. La campaña a favor de la revalorización de las hojas oficio y del papel revolución. La teoría que explica cómo el universo se está encogiendo y que utiliza de ejemplo el color del cuadriculado de los cuadernos Scribe. Lo cada vez más desagradable que es felicitar a la gente vía facebook. Lo poco que los extrañaré en mi cumpleaños y lo mucho que los echaré de menos la tarde siguiente.
Y, mientras tanto, Idil Biret toca el piano. Lo toca del modo en que seguramente algunos ángeles aprendieron a tocar el mundo: desde lejos y profundamente.
7 bufonadas:
Supongo que los amigos nos burlamos inclementemente de ti para tenerte presente siempre que se pueda y recuperar mucho de lo que dices, como el infantilismo persistente, la revisión de lo obvio y el recuento repetitivo de los absurdos. Nos burlamos básicamente para evitar el derroche de cursilería que siempre es mal visto, sobre todo si se redacta haciéndose el Cortázar metalero (que es como decir Bolaño acústico o espero que entiendas el simil). También por eso nos hacemos los aburridos cuando estás a punto de irte, para que no malograrte el viaje porque siempre es preferible que llegues a él en estado puro, para que padezcas el vuelo y bebas y hagas esos ridículos hipocondriacos tan logrados. Creo que también, antes que tú, teníamos claro lo del tercer año, y capaz y hasta de muchos otros años. Por eso ya te neceamos con eso que debes hacer, además de todo lo demás que también debes hacer. Ya sé que los chats y esas mierdas no son lo mismo, pero también se prestan para beber, que es lo importante. Es necesario insistir que acá: http://psn-1.blogspot.com/ se pueden ver los partidos de la Decepción Nacional.
no soy tu amiga, pero casi lloro, ya se que soy cursi y demasiado, pero a veces así me siento, desapareciendo, ya nadie sabe lo niña que puedo ser, ya no quedan huellas, la tarde siguiente siempre es un asco.
asentí línea a línea durante el par de minutos que me tomó leer tu post, identificado y conmovido.
no es cierto, estoy mamando.
http://www.youtube.com/watch?v=d1Y3PlmwnRM
¡Carajo Lear! ¿Qué pieza de Idil Biret estás escuchando? y ¿qué es eso de que "otra vez, no voy a volver"?
Me hiciste llorar
Ánimo!! Yo culpo a Biret de tu melancólica entrada.
Publicar un comentario en la entrada